lunes, 2 de junio de 2008

David Berkowitz, el Hijo de Sam


El 17 de abril de 1977 una pareja de jóvenes aparecieron muertos en su coche, en la cosmopolita Nueva York. El asesino había disparado contra ellos , acabando con la vida de Valentina Suriani, de 18 años, en el acto y dejando a Alexander Esau, de 20, moribundo. Murió pocas horas después, en el hospital. Junto a los cuerpos, se encontró una carta, dirigida al capitán Joseph Borelli, encargado de perseguir al asesino en serie que estaba disparando a mujeres jóvenes y a parejas, y que ya llevaba cinco víctimas mortales y varios heridos de gravedad.

Estaba firmada por “Son of Sam”, el “Hijo de Sam”.

Bajo esta firma se encontraba un hombre joven, de 24 años y nacido bajo el nombre de Richard David Falco el día 1 de junio de 1953, en el popular barrio de Brooklyn, Nueva York.

Su padre, Tony Falco, abandonó a Betty Broder, su joven esposa que tuvo que retomar su vida junto a la pequeña Cecilia. Pronto conoció a Joseph Kleimann, con quien tuvo a David. El hombre no quería al niño y forzó a Betty a arreglar la adopción del pequeño nada más nacer.

Así fue como el pequeño fue a parar al hogar de Nathan y Pearl Berkowitz, quienes educaron de manera correcta al niño.

Sin embargo, este no respondió de manera adecuada a la educación que sus padres adoptivos le ofrecieron y pronto se mostró como un joven conflictivo que abandonó sus estudios y vagó durante un tiempo sin hacer nada.

A los 16 años murió Pearl, dejándolo desamparado y disgustado.

Cuando cumplió los 23 años, se animó a comprar un arma, un revolver del calibre 44, utilizada sin ningún género de dudas para un único fin: acabar con la vida de cualquier persona que se pusiera al alcance de su terrible cañón.

Y fue a partir de entonces cuando comenzó su carrera como uno de los psicokillers más buscados de la ciudad de los rascacielos.

Antes de empuñar este arma había tenido ocasión de agredir a varias personas, sobre todo muchachas más jóvenes que él, a punta de navaja, pero por suerte todo quedó en asaltos sin consecuencias y las infortunadas consiguieron escapar sin daños relevantes.

El nervioso e inquieto jovenzuelo se convirtió, sin dar apenas un indicio a sus allegados en un frío y calculador asesino, capaz de realizar los más atrevidos asesinatos. Al menos, eso creía él, y el 29 de julio de 1976 lo probó.

Donna Laurie, de 18 años, estaba junto a Jody Valenty, apenas un año mayor que ella, sentadas en el coche de la segunda, charlando en el Bronx neoyorquino, cuando alguien se acercó a la ventanilla y disparó cinco veces contra ellas.

Ambas fallecieron en el acto, y David se fue de la escena tranquilo y sabiendo que había superado con éxito su primer crimen.

El siguiente ataque tuvo lugar unos meses después, el 13 de octubre del mismo año. En esta ocasión, disparó contra un chaval de 20 años, Carl Denario. La rápida actuación de Rosemary, su acompañante, le salvó la vida, ya que consiguió conducir el coche en el que estaban hasta donde les pudieron atender. Carl, sin embargo, quedó lesionado de por vida.

Igual suerte corrió Joanne Lomino, de 18 años. Volvía junto a su amiga Donna Lamassi, de 16, del cine, cuando se dio cuenta de que alguien les seguía por la calle. Apresuraron el paso, pero el hombre les alcanzó y les disparó. Donna se recuperó, pero Joanne quedó parapléjica por las heridas recibidas.

La siguiente víctima mortal fue Christine Freuna, quien estaba junto a su novio John Diel en su coche. David se acercó al vehículos y de igual forma que lo había venido haciendo en las ocasiones anteriores, disparó por la ventanilla dos veces. Las letales balas impactaron en la cabeza de la joven. John salió corriendo en busca de ayuda, mientras David se alejaba. Los vecinos, en esta ocasión lo vieron y ya habían llamado a la policía.

Por fin, existía una confusa pero primera descripción del psicópata.

Al poco tiempo, apareció la ya mencionada carta. En ella, se confesaba autor de los crímenes, pero eso sí, alentado por una entidad demoníaca. Los forenses determinaron un perfil y comenzó la búsqueda, ayudados por la prensa.

En un periódico, se recibió otra misiva que fue publicada en la edición de la mañana. La fama del “Hijo de Sam” crecía, y en secreto, David se sentía importante y satisfecho.

El útlimo ataque del asesino se produjo el 31 de julio de 1977. Stacy Moskowitz volvía a casa con su novio, Bobby Violante, cuando fueron abordados por David. Disparó y mató a la joven, mientras que el chico perdió un ojo y casi la totalidad de la vista en el otro. Por fortuna, en esta ocasión sí hubo un testigo fiable, y se estrechó el círculo sobre Berkowitz.

La manera de cómo se logró capturar a Berkowitz es de lo más rocambolesca, y tiene como principal argumento el envió de cartas a personas relacionadas con David por el mismo, creando una confusa historia en la que todos los implicados pertenecían a una secta satánica que a ojos de David le manipulaba y ordenaba los asesinatos. Una compleja trama que hilaron los detectives Chamberlain e Intervallo, que investigando en sus ratos libres encontraron un nexo en común en toda la extravagante historia: David Berkowitz, que coincidía en edad, complexión y tipología con la persona que se ocultaba bajo el nombre del “Hijo de Sam”.

Se estableció un dispositivo de seguimiento y finalmente, abordaron a David cuando iba a coger su coche. Una vez atrapado, el hombre confesó ser el asesino y haber disfrutado con “el juego”.

Fue condenado a cadena perpetua, que continúa cumpliendo en Nueva York. Asegura que todo fue un complot urdido por un demonio y sus acólitos, encarnado en “Sam”, un pastor alemán propiedad de uno de los que recibieron sus extrañas cartas.

Hoy luce una cicatriz de 56 cm en su cuello, ya que fue agredido por sus compañeros en prisión.