miércoles, 5 de diciembre de 2007

Gilles de Rais, héroe y criminal


La imagen de Juana de Arco se ha considerado siempre como uno de los pilares de Francia, de la nobleza y de la fe. Pero junto a ella, otra figura histórica ocupa la mente de los galos, aunque en esta ocasión, más que un héroe o un paladín de la justicia, nos encontramos con la infame presencia de un noble corrupto, cruel y desmedido: Gilles de Rais.

Poseedor de la segunda mayor fortuna de la Francia del siglo XV, su nombre era en un principio sinónimo de gallardía, de ardor guerrero y de lealtad al rey en la temible Guerra de los Cien Años pero pronto se convirtió en motivo de terror y e indignación para quien antes le había admirado.

Hijo de Guy de Laval y Marie de Craon , Gilles tenía asegurada su vida como uno de los grandes poderes de Francia, pero su vida se dirigiría hacia el abismo. Siendo todavía un niño, asistió a la muerte violenta de su padre, que fue herido por un berraco en una jornada de cacería. Durante varios días, el joven noble asistió impasible a los estertores de dolor de su progenitor, al que realmente, poco le unía.

Tras esta experiencia, que sin duda fue uno de los detonantes de lo que ocurrió después, su tutela pasó a su abuelo materno, en contra de los últimos deseos de su padre, quien propuso para tal misión a uno de sus parientes, más cabal y capaz de criar en condiciones a los hermanos de Rais. Pero Jean de Craon, forjado en el bandidaje, cruel y severo, fue quein finalmente se encargó de la educación del niño. La formación en esta época le llevó a ser todavía más taciturno y a ser consciente de su poder militar y político, por lo que comenzó a sentirse alguien especial, alguien por encima de los demás. En esa época, Gilles descubrió en la biblioteca de su abuelo los libros que le guiarían durante su vida, en especial Las Vidas de los Césares, de Suetonio, donde descubrió que los hombres poderosos no tiene porque rendir cuentas ante nadie por sus actos.

En esos años, Gilles practicaba la esgrima y otras artes guerreras, con ayuda de criados y amigos de la niñez. En una de estas prácticas, el joven no tuvo reparos en apuñalar a la persona que le había acompañado en sus primeros años. Contempló impasible como se desangraba, suplicándole ayuda.

Con sólo 16 años partió a la guerra, la Guerra de los Cien años, y fue allí donde encontró el camino hacia el reconocimiento. En ese conflicto encontró también la persona que le cautivó: Juana de Arco. Sirvió de escolta a la Dama de Orleáns, y quizás hubiera cambiado la historia, si hubiese acudido a su rescate en el momento de su ejecución, pero inexplicablemente, desistió de acudir a salvarla con un importante contingente preparado para la ocasión.

Quizás fuera la muerte de Juana, que le había cuativado y embelesado, pese a sus inclinaciones homosexuales, pero a partir de ese momento, el carácter del noble se hizo más agrio y dedicó su vida a medrar en varios de sus castillos. En esas fortalezas organizaba grandes festejos, en los que gastaba cantidades ingentes de dinero, creando espectáculos, ofreciendo mecenazgo a los artistas y agasajando a sus visitantes.

También, por desgracia, comenzaron los desmanes. Criados suyos viajaban a lo largo de la Bretaña francesa buscando niños y niñas a los que invitaba a pasar a su servicio, principalmente en el castillo de Tiffauges, situado en la Bretaña.

Como es lógico en esa época de hambruna y miseria, pocos padres negaban a sus hijos la posibilidad de incorporarse al servicio de un señor, que no sólo era inmensamente rico, sino que gozaba de una reputación inmejorable gracias a sus hazañas bélicas frente a los británicos.

La triste verdad era que, una vez en sus dominios, el niño o niña era salvajemente violado y asesinado siguiendo los más variados métodos. En el duro y largo proceso que siguió a la captura de Gilles de Rais, los testigos no escatimaron en detalles sobre las tropelías del Barón y sus allegados. Según se supo después, en los dominios del Barón se celebraban actividades alquímicas y mágicas, ya que el noble pretendía conseguir la Piedra Filosofal, largamente perseguida por los alquimistas, además de, supuestamente, realizar ritos satánicos. Otras fuentes indican que todas las atrocidades tenían por objeto simplemente calmar el ansia de sangre del Señor de Rais.

El año 1440, alertado por los habitantes de la Bretaña, el rey Carlos VII ordenó una investigación para averiguar qué ocurría con los niños desaparecidos, que ya sumaban más de 1.000. El obispo de Nantes, finalmente, ordenó la detención de De Rais y este fue llevado a la ciudad donde se inició un duro y largo juicio. En él declararon sirvientes, lacayos y cómplices del señor feudal, que continuaba siendo uno de los más ricos del país, pese a haber dilapidado parte de su herencia en fiestas y extravagancias.

Las declaraciones horrorizaron a los jueces, que dictaminaron la pena de muerte, y el 26 de octubre, Gilles de Rais fue ajusticiado por la muerte de más de 200 niños, aunque se sospecha que fueron muchos más.

La historia de Barba Azul, como se le conoció, dio lugar al inmortal cuento de Perrault, quien cambio el asesinato de niños por la muerte de mujeres, para no hacer tan trágica la historia, y así ha llegado hasta nuestros días.

2 comentarios:

P.J.Cifuentes dijo...

Menudo honor! Inauguro el nuevo blog del profesor Solarotciv! Espero que la cosa prospere, que nos entretenga a todos con unos cuantos criminales, asesinos, violadores, psicópatas y genocidas y que el río que riega su creatividad se canalice al fin y no se agote nunca.

Anónimo dijo...

Fue mariscal de francia, un titulo muy apreciado, pero se le kito el titulo por los
asesinatos cometidos. Realmente, aunke sabian ke algo hacia con los niños, no se lr podia tocar por ser mariscal de francia. Al final lo pillaron por las ventas de un castillo ke tenia, ya ke si mal no recuerdo, apreso a los representantes de un señor ke keria comprarlo, y luego ataco el castillo de dicho señor con su pekeño ejercito. Despues se descubrieron todo lo ke temian de los niños. Hace pocos años se le volvio a conceder el titulo de mariscal de francia a titulo postumo.