Perfiles y biografías de los más afamados psicokillers de la historia. Sus obras crearon terror y conmocionaron a la sociedad. ¿Quienes fueron y cuales fueron sus motivaciones? Aquí no está la respuesta, pero sí unos apuntes de sus terribles crímenes. Actualizaré cada lunes.
domingo, 13 de junio de 2010
Ricardo Ramírez, violador y asesino en Los Angeles
lunes, 14 de diciembre de 2009
Hadden Irving Clark , el canibal travestido
Hay una motivación clara en muchos de los casos que vamos desgranando en esta sección. La infancia y la adolescencia son definitivos para desarrollar, en edades más avanzadas, unas costumbres que desembocan en la violencia y el crimen. Vale, en muchos casos no existen estos antecedentes, pero en la mayoría son los primeros años los que marcan sin remisión ese terrible destino.Hadden Clark es uno de esos niños nacidos en una familia con graves problemas en su seno, y cada uno de esos problemas fueron acumulándose y creando en su cabeza la confusión que le llevó hasta el asesinato.
Su madre se enorgullecía de que la familia era descendiente de los primeros colonos del Mayflower, pero esa circunstancia no impide que ambos progenitores eran dos alcohólicos que no tenían ningún problema en abusar de manera psicológica y física de sus tres hijos.
Sus hermanos Brad, Jeffrey y Allison no fueron tampoco muy bien tratados por sus progenitores y su trayectoria tampoco fue demasiado satisfactoria.
Brad fue acusado de asesinar y violar el cadáver de su novia, además de descuartizar el cuerpo y comerse parte del mismo. Se arrepintió y se entregó a la policía. Jeffrey fue acusado de violencia doméstica en varias ocasiones y Allison se fue de casa antes de la mayoría de edad para evitar todo esto.
Hadden, por su parte, se aficionó a maltratar animales domésticos. Su crueldad iba dirigida a pequeños animales, a los que torturaba y mataba, por norma general decapitándolos. Tampoco los niños del vecindario se salvaban de sus golpes e improperios. El término Bullyng se puede aplicar con todas sus consecuencias en el entorno del pequeño Hadden.
Su padre le trataba de inútil, mientras que su madre, antes de que naciera Allison, quería una hija y lo vestía de niña, para escarnio de otros niños.
Sin embargo, era sumamente inteligente, e incluso destacaba jugando al ajedrez.
Esa habilidad para sortear problemas le vino muy bien para estudiar como chef y logró triunfar como cocinero en varios restaurantes… hasta que su perturbada mente comenzaba a estropear el trabajo.
Algunos empleadores decían que se orinaba en los platos, robaba las cajas y realizaba otras barbaridades que eliminaban toda su pericia con las sartenes, y los cuchillos, que llegó a dominar con maestría.
Con la muerte de su abuelo, la única persona que dijo que le entendía y que fue una buena influencia para él, parece que la poca cordura que le quedaba se le difuminó.
Consiguió un puesto en la Marina, donde sufrió él mismo un acoso por parte de sus compañeros, ya que solía vestirse de mujer bajo el uniforme, cosa que no les gustaba.
El primer crimen que se asocia a Hadden no ha sido documentado, pero él lo confesó. Se trataba de una joven en Cape Code, donde trabajaba en un Club de Campo. Dijo que la asesinó, la quemó y utilizó las yemas de sus dedos como cebo de pesca.
Al abandonar el ejército, a Maryland, y recaló en casa de su hermano Jeffrey, el maltratador.
Allí fue descubierto por su hermano masturbándose delante de sus hijos y le expulsó de casa. Mientras estaba rebuscando su ropa para irse, visitó la casa Michelle Dorr, una amiga de seis años amiga de Elisa, su sobrina.
Hadden se hizo con sus cuchillos de chef, que llevaba en la maleta y la agarró del pelo. Ella intentó defenderse, pero su corta edad no le ayudó para evitar el cuchillo. Hasta doce cuchilladas se alojaron en su cuerpecito, que luego cogió Hadden. Lo llevó hasta un descampado y lo enterró allí.
La policía miró hacia el padre de la niña, que ya había amenazado a su mujer, ya divorciada, que se llevaría a la pequeña si no renunciaba a la custodia.
Esto ayudó a que le eliminaran como sospechoso, y le permitió volver a actuar. Roba en casa de su madre y esta le echó de su casa.
Buscó ayuda en un Club de Veteranos, donde le aplicaron un tratamiento de antidepresivos. No obstante, se puso a vivir en su furgoneta, como un mendigo.
Consiguió un trabajo como jardinero en casa de una conocida psicoanalista llamada Penny Houghteling que tenía una hija llamada Laura. Entró en su habitación y la atacó en su cama. En su paranoia, entró vestido con un vestido de ella y una peluca. La obligó a reconocer que Laura era Hadden disfrazado y después, la ató a la cama, tapándole además los ojos, nariz y boca con cinta aislante.
A consecuencia de ello, murió asfixiada.
La policía relacionó a Hadden con el asesinato, y en la investigación, surgió el nombre de Michelle, que se relacionó con él también, pese a que habían pasado seis años.
Fue condenado a sesenta años de prisión, que todavía cumple en una prisión estadounidense
lunes, 3 de marzo de 2008
John Wayne Gacy, el payaso asesino
La infancia, querido lector. Que gran momento, que pasa fugaz por nuestras vidas y deja tenues recuerdos. En ocasiones, esos recuerdos vuelven a nuestra mente a medida que pasan los años y es fácil ir recordando esos pasajes de nuestra historia que dejaron huella.Y en ellos, probablemente, la figura de un payaso tenga una relevancia especial. Sí, los payasos acompañan las fiestas infantiles, les alegran y divierten sin más pretensión que hacerlos felices.
Que gran labor realizan los payasos, ¿verdad?
Pero también hay un lado oscuro en estos simpáticos personajes, que en ocasiones hacen que el niño más alegre salte en el llanto más desgarrador.
Quizás, en lo más profundo de su mente, relacionen a esa cara multicolor con terribles crímenes y grandes barbaridades realizadas contra las personas.
Quizás, y sólo quizás, atisben la cara de Pogo, de John Wayne Cacy.
Nació tras la Gran Guerra, en 1946. Fue en Chicago, en el seno de una católica familia irlandesa, compuesta, como no, por un padre alcohólico, dos niñas y una madre maltratada por su marido y él mismo.
-La infancia de John transcurrió, como es normal en este tipo de personas, en mitad de los sentimientos encontrados frente a su padre. Por un lado, sus continuos abusos verbales contra él y las mujeres de la casa, y por el otro, el ansia de ser digno de recibir la atención del progenitor, hacer que se sintiera orgulloso de él y no incurriera en esos severos castigos.
Con 11 años, comenzaron los problemas de salud para John. Un golpe en la cabeza, provocado por los juegos con sus amigos, le costó un coágulo en la cabeza. Quizás sea ese uno de los motivos de su comportamiento posterior, aunque probablemente, no tenga nada que ver, y sólo sea su perturbada mente la responsable.
Este episodio se pudo arreglar sin más problema gracias a la medicación, aunque tardó varios años en diagnosticarse. A medida que crecía, sus problemas de salud continuaron, esta vez con el corazón como protagonista. Su órgano motor comenzó a provocarle molestias, aunque los médicos decidieron que no era un gran problema y que podía continuar con su vida.
Tras una época de instituto con bajas notas, partió a probar fortuna a la luminosa Las Vegas, donde terminó ejerciendo en empleos de baja consideración, y tuvo que volver a su Chicago natal. Allí se matriculó en una escuela de negocios, desde donde comenzó a ganar una posición social gracias a sus dotes de vendedor.
Conoció por esa época a Marlynn Myers, cuyo padre era propietario de una franquicia de Kentucky Fried Chiken y ya tuvo su futuro profesonal asegurado, en la dirección del restaurante.
También despuntó entonces su vocación de ayuda a la comunidad. Se disfrazaba de payaso y acudía a los hospitales y orfanatos, para alegrar a los pequeños allí internados. Pogo, su personaje, era querido y admirado por la chiquillería. Era agradable, risueño y simpático. Todo un gran personaje a nivel social.
Hata que, las malas lenguas, envidiosas quizás de su posición, comenzaron a trabajar. Se decía que John tenía una querencia especial hacia los jovencitos que trabajaban con él en el restaurante. Se decía que no atendía convenientemente a su esposa y que frecuentaba la compañía de jovencitos que le procuraban el desahogo que no obtenía con ella.
Entonces, apareció Mark Millar, un joven que le acusó de haberlo retenido contra su voluntad y violado en su propia casa, tras engatusarlo y atarlo en la cama.
John dio con sus huesos en la carcel durante varios años, hasta que salió de prisión por buena conducta. Divorciado, rehizo su vida con Carole Hoff, que aportó al matrimonio dos hijos. Sabía de la condición de ex-convicto de su marido, pero creía en él y le dio una nueva oportunidad.
Sin que ella lo supiera, las correrías criminales del payaso, pues continuaba con su labor desinteresada por los niños. Nada hacía sospechar que este ciudadano modelo, hombre del año de su comunidad, fuera un terrible asesino.
Y es que los secuestros continuaban. Empresario de la construcción, utilizaba todo su encanto personal para atraer a jovencitos, tanto trabajadores suyos como víctimas propiciatorias, hasta su casa y los ataba. Las violaciones se complementaban con torturas que duraban varias horas. Sumergía al muchacho en la bañera, llena de agua, y con la cabeza tapada, hasta que la asfixia podía con él. Cuando estaba a punto de fallecer, lo revivía y continuaba con su tormento. Disfrutaba mucho con esas depravadas prácticas. La violación también la efectuaba con utensilios cortantes, juguetes sexuales que destrozaban a sus víctimas.
La fortuna quiso sonreír a Jeffrey Rignall, que consiguió sobrevivir al cruel destino que le preparaba Wayne, aunque no habló hasta que detuvieron al asesino.
Los vecinos estaban encantados con el regordete hombre de negocios, aunque de su jardín, decían, surgía un desagradeble hedor, que decía su propietario, venía de un sumidero cercano, de unas tuberías en mal estado.
La desaparición de Robert Piest provocó una investigación sobre el considerado buen hombre, finalmente, se destapó todo. En su jardín se encontraron los restos de más de 20 cadáveres. El resto, hasta 33, estaban en un río cercano.
El juicio fue sumarísimo, y John Wayne, el payaso, fue condenado a morir por inyección letal. La pena se cumplió en 1994, dos años después, aunque dificultades con un cateter provocaron que tardará unos 27 minutos en morir.
Sus últimas palabras definen muy bien su verdadero carácter: “Bésame el culo”, le dijo al funcionario que le acompañó hasta su última cita.
