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lunes, 12 de marzo de 2012

Alfredo Galán, el Asesino de la Baraja que aterrorizó Madrid



Los psicokillers suelen ser personas que por algún motivo no encajan en la sociedad. Viven en un mundo diferente al resto, y creen que sus actos siempre están justificados. Y además, no suelen vivir  en nuestro país, ¿verdad?.

Pues no, en España también hay alguno de estos elementos, como hemos podido ir viendo en las últimas entregas. El más famoso de los últimos años es Alfredo Galán, al que los medios bautizaron como “El asesino de la Baraja”.

A los 26 años se presentó en una comisaría en Puertollano (Ciudad Real), autoinculpándose de una serie de crímenes cometidos por un misterioso asesino que firmaba sus asesinatos con una carta de la baraja española. Fue detenido y hallado culpable, ante las pruebas que se recogieron en su contra.

Ex-militar con misiones en Bosnia y en Galicia, donde colaboró junto a su Unidad para recoger el chapapote, era bastante inestable, y no consiguió entrar en la Guardia Civil una vez le dieron de baja en el ejército por depresión.

Sus andanzas comenzaron el 24 de enero de 2003 estacionó su vehículo en la calle Alonso Cano de Madrid y se dirigió calle abajo. Vio un portal entreabierto y se dirigió a la vivienda del portero, Francisco Ledesma, de 50. 

Está desayunando junto a su hijo de dos años, y es sorprendido por Alfredo, que saca una pistola y le obliga a arrodillarse de espaldas a él. Disparó una vez, pero no estaba amartillada. Ante las súplicas del hombre, que se preocupa por la suerte que correrá su hijo, Alfredo dispara otra vez, esta vez con bala, en la nuca del hombre, en presencia de su hijo.

El 5 de febrero ejecuta a su siguiente víctima. Juan Carlos Martínez acabó su turno en el Aeropuerto de Barajas y esperaba al autobús en la parada a las dos de la madrugada. Alfredo se acercó a él y le obligó a darse la vuelta. Sin más, le disparó en la nuca, matándolo sin más. En ese crimen dejó un recuerdo, un aviso. Una carta. El As de copas.

El mismo día, a las cuatro de la tarde, se dirigió hasta un bar de Alcalá de Henares. Allí, disparó contra el camarero en la frente, causándole la muerte inmediatamente. Se giró y disparó en el ojo a una mujer que estaba hablando por teléfono, matándola también. La madre del camarero, y propietaria del establecimiento, recibió tres disparos por la espalda, mientras intentaba escapar. No murió, pero quedó muy malherida.

El 7 de marzo continuó con su brutal caza. Se trató en esta ocasión, de una pareja que paseaba por Tres Cantos. Santiago Eduardo Salas, estudiante ecuatoriano que está en España para realizar un master, resultó herido en la mandíbula. Ana, su amiga española, se salvó porque la pistola se encasquilló. Al huir del escenario del crimen, lanzó una carta al suelo. Era el 2 de copas.
La policía comenzó a atar cabos y a buscar a un asesino en serie, ya que las balas provenían de la misma pistola. 

El tres y el cuatro de copas llegaron unos días después, y fueron una pareja rumana que fueron tiroteados. Él murió en el acto y ella unos días después.

La pistola se identificó como una Tokarev, un arma de fabricación soviética que confundió a la policía, ya que no es un arma muy común en nuestro país.

Finalmente, el mismo asesino se entregó en Puertollano, y aportó suficientes pruebas para ser condenado por los crímenes, aunque la pistola no apareció nunca.  Fue condenado a 142 años por todos los asesinatos e intentos frustrados.